domingo, 23 de enero de 2011

Mis sueños, tu y él

Silencio. Apoyado en el haya, el musgo se mezcla con la tierra húmeda,
el sol penetra entre las altas hojas y llega hasta mi cara una sutil luz.
Huele a vida, sólo se escucha el movimiento de hojas caduca que recorren 
el suelo gracias al ligero viento que las empuja.
 
Lo tengo en la mano, la fuerza que hago sobre él, hace que me sangre la palma.
Me juro a mi mismo no fallarte, intentaré hacerlo lo mejor posible.
Cierro los ojos, inhalo fuertemente aire y no lo suelto.
Siento todo lo que tengo alrededor, hasta siento los roedores bajo la tierra y
los pájaros volando sobre mi cabeza. Es maravilloso, es tan perfecto que casi te iguala.
 
No existe sentimiento en el universo que empate lo que siento,
quizás no fuere tan fuerte cuando te conocí, pero mi amor ha aumentado
tan rápido que ahora ya no sé ni cómo llamarlo.
 
Es mi vida tuya, o eso me parece.  No quiero renacer, ese deseo muchos lo tienen, pero yo no.
¿Quién sabe que podría pasar? Me alegro de haber elegido todos los caminos que he elegido hasta dar contigo.
Eres tú mi escudo, contra la crítica y contra el dolor. No valoro tanto lo que haces por mí como lo hago ahora,
porque me ciegan las tonterías que rondan mi cabeza y no me dejan contemplar lo que realmente existe de verdad.
Ya te lo he dicho. Mi sueño eres tú, y una cosa más. Y quiero cumplir mis sueños, y sólo tú puedes permitírmelo,
si quieres puedo realizar los dos, sino tendré que elegir entre mi madre y mi padre, y no quiero hacer eso,
tengo consciencia y te amo a ti, aunque quiero encontrar mi lugar. Mi paraíso.
 
Esperaré el tiempo que haga falta para terminar de prepararme,
y espero que puedas prepararte conmigo para conocer lo nuevo, para poder irnos al bosque y sentirnos vivos.
Para poder correr entre hojas secas en octubre, para que puedas ver mis ojos brillar como nunca y para poder desearte en tu hogar mi lugar.
Te amo a ti, no a él. Y quiero seguir amándote, pero donde esté él.

martes, 18 de enero de 2011

Te quiero.

Quizás ya no sea cálido y mi presencia no sea tan agradable, pero no siento lo mismo por vos. Antes, aún te valoraba, creía que eras interesante porque sabías mucho, pero ya no, ya no te valoro. Ya no te contesto a las llamadas, pero porque sé quien llama. Es ahora el mar al que escucho, miro a lo lejos y veo la fusión de millones de olas que caen sobre otras que a su vez caen sobre otras, hacen que el aire golpee mi cara. Mis labios saben a sal, y puede que sea la puesta del sol lo que me destroce el alma, como si de un final se tratara.

¡Que paisaje! Lo he visto miles de veces hasta ahora, pero nunca como ahora. ¿Por qué no te pude mirar a ti de la misma forma?
Déjame florecer, son cadenas de hielo lo que me aferran a un mundo de agonía, del que nadie escapa, en el que es fácil caer y quedarse tirado. Necesito florecer, tu aroma me inspira la más bonita poesía, son tus lingotes de carne bronceada lo que me llama, pero no puedo responder. Caigo sobre las rodillas, el ambiente huele a tierra mojada y los relámpagos bailan sobre mí. Es la necesidad de tocar tu piel lo que me da fuerzas, quizás me provoque el deseo, o el amor, lanzarme al vacío con la simple seguridad de la esperanza. Y atravesé el fuego. Eres tú la que reemplazó el falso amor por el verdadero, eres tú, con tus ojos oscuros la que provoca deseo. Tus manos son perfectas, a mi gusto, tu pelo es perfecto, para mí, puedes rechazarme y buscar al que creas conveniente, pero busques a quien busques, no encontrarás a nadie que te quiera como yo te quiero.

Porque este es el mundo que quiero. Sólo tuve que abrir los ojos y verlo.