Quizás ya no sea cálido y mi presencia no sea tan agradable, pero no siento lo mismo por vos. Antes, aún te valoraba, creía que eras interesante porque sabías mucho, pero ya no, ya no te valoro. Ya no te contesto a las llamadas, pero porque sé quien llama. Es ahora el mar al que escucho, miro a lo lejos y veo la fusión de millones de olas que caen sobre otras que a su vez caen sobre otras, hacen que el aire golpee mi cara. Mis labios saben a sal, y puede que sea la puesta del sol lo que me destroce el alma, como si de un final se tratara.
¡Que paisaje! Lo he visto miles de veces hasta ahora, pero nunca como ahora. ¿Por qué no te pude mirar a ti de la misma forma?
Déjame florecer, son cadenas de hielo lo que me aferran a un mundo de agonía, del que nadie escapa, en el que es fácil caer y quedarse tirado. Necesito florecer, tu aroma me inspira la más bonita poesía, son tus lingotes de carne bronceada lo que me llama, pero no puedo responder. Caigo sobre las rodillas, el ambiente huele a tierra mojada y los relámpagos bailan sobre mí. Es la necesidad de tocar tu piel lo que me da fuerzas, quizás me provoque el deseo, o el amor, lanzarme al vacío con la simple seguridad de la esperanza. Y atravesé el fuego. Eres tú la que reemplazó el falso amor por el verdadero, eres tú, con tus ojos oscuros la que provoca deseo. Tus manos son perfectas, a mi gusto, tu pelo es perfecto, para mí, puedes rechazarme y buscar al que creas conveniente, pero busques a quien busques, no encontrarás a nadie que te quiera como yo te quiero.
Porque este es el mundo que quiero. Sólo tuve que abrir los ojos y verlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario