miércoles, 6 de abril de 2011

domingo, 23 de enero de 2011

Mis sueños, tu y él

Silencio. Apoyado en el haya, el musgo se mezcla con la tierra húmeda,
el sol penetra entre las altas hojas y llega hasta mi cara una sutil luz.
Huele a vida, sólo se escucha el movimiento de hojas caduca que recorren 
el suelo gracias al ligero viento que las empuja.
 
Lo tengo en la mano, la fuerza que hago sobre él, hace que me sangre la palma.
Me juro a mi mismo no fallarte, intentaré hacerlo lo mejor posible.
Cierro los ojos, inhalo fuertemente aire y no lo suelto.
Siento todo lo que tengo alrededor, hasta siento los roedores bajo la tierra y
los pájaros volando sobre mi cabeza. Es maravilloso, es tan perfecto que casi te iguala.
 
No existe sentimiento en el universo que empate lo que siento,
quizás no fuere tan fuerte cuando te conocí, pero mi amor ha aumentado
tan rápido que ahora ya no sé ni cómo llamarlo.
 
Es mi vida tuya, o eso me parece.  No quiero renacer, ese deseo muchos lo tienen, pero yo no.
¿Quién sabe que podría pasar? Me alegro de haber elegido todos los caminos que he elegido hasta dar contigo.
Eres tú mi escudo, contra la crítica y contra el dolor. No valoro tanto lo que haces por mí como lo hago ahora,
porque me ciegan las tonterías que rondan mi cabeza y no me dejan contemplar lo que realmente existe de verdad.
Ya te lo he dicho. Mi sueño eres tú, y una cosa más. Y quiero cumplir mis sueños, y sólo tú puedes permitírmelo,
si quieres puedo realizar los dos, sino tendré que elegir entre mi madre y mi padre, y no quiero hacer eso,
tengo consciencia y te amo a ti, aunque quiero encontrar mi lugar. Mi paraíso.
 
Esperaré el tiempo que haga falta para terminar de prepararme,
y espero que puedas prepararte conmigo para conocer lo nuevo, para poder irnos al bosque y sentirnos vivos.
Para poder correr entre hojas secas en octubre, para que puedas ver mis ojos brillar como nunca y para poder desearte en tu hogar mi lugar.
Te amo a ti, no a él. Y quiero seguir amándote, pero donde esté él.

martes, 18 de enero de 2011

Te quiero.

Quizás ya no sea cálido y mi presencia no sea tan agradable, pero no siento lo mismo por vos. Antes, aún te valoraba, creía que eras interesante porque sabías mucho, pero ya no, ya no te valoro. Ya no te contesto a las llamadas, pero porque sé quien llama. Es ahora el mar al que escucho, miro a lo lejos y veo la fusión de millones de olas que caen sobre otras que a su vez caen sobre otras, hacen que el aire golpee mi cara. Mis labios saben a sal, y puede que sea la puesta del sol lo que me destroce el alma, como si de un final se tratara.

¡Que paisaje! Lo he visto miles de veces hasta ahora, pero nunca como ahora. ¿Por qué no te pude mirar a ti de la misma forma?
Déjame florecer, son cadenas de hielo lo que me aferran a un mundo de agonía, del que nadie escapa, en el que es fácil caer y quedarse tirado. Necesito florecer, tu aroma me inspira la más bonita poesía, son tus lingotes de carne bronceada lo que me llama, pero no puedo responder. Caigo sobre las rodillas, el ambiente huele a tierra mojada y los relámpagos bailan sobre mí. Es la necesidad de tocar tu piel lo que me da fuerzas, quizás me provoque el deseo, o el amor, lanzarme al vacío con la simple seguridad de la esperanza. Y atravesé el fuego. Eres tú la que reemplazó el falso amor por el verdadero, eres tú, con tus ojos oscuros la que provoca deseo. Tus manos son perfectas, a mi gusto, tu pelo es perfecto, para mí, puedes rechazarme y buscar al que creas conveniente, pero busques a quien busques, no encontrarás a nadie que te quiera como yo te quiero.

Porque este es el mundo que quiero. Sólo tuve que abrir los ojos y verlo.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Me siento...


Me duermo, quizás sea el frío que tengo, pero ya no me puedo mover, siento desaparecer. Es mi lecho mi lugar, y mi único motivo para estar aquí es la esperanza de poder cambiar.
Me disfrazo, aparento ser fuerte y valiente, pero tengo miedo al fracaso. Tengo la esperanza de que todo cambie, de mirar hacia el horizonte y ver como todo tiene sentido.
Me alegro, sonrío al ver a un niño jugar, es feliz y está realmente bien. Pero pienso que no tiene consciencia, no es racional, pero yo sí... aunque el esté bien y yo mal.
Me duele, las puñaladas que el mundo me da. Intento tocar el cielo, pero no llego desde mi sofá. Y es triste, ver el mundo evolucionar, y que existan occidentales que no saber ni contar.
Me giro, de espaldas, me giro al mundo entero que se suma a la ignorancia. Sonrío cuando estoy sólo, y cuando veo lo natural. Ya no siento nada por lo artificial, soy un tabú más, aunque lo haga mal.
Me muero, es aquí cuando desfallezco y yazgo sobre la nube que me sostiene. Dejo que me conduzca a la paz, donde no existe la preocupación y donde no hay números negativos, sólo existe una semirrecta desde el punto cero hasta el infinito. Y por eso te invito, a venir conmigo, al mundo que sigo... donde no se admite la ignorancia ni el conflicto, sí, es estricto, pero no es difícil dejar de potenciar empresas y fiestas económicas, es muy fácil vivir bien, pero nos complicamos.
Me despido, la educación no viene conmigo. Cuando nací estaba bien, me educaron y ahora soy inteligente, pero conozco el racismo, conozco la guerra y la Iglesia, conozco el infierno y conozco técnicas de ganar audiencia.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Puñal helado en el corazón


Diciembre se acerca, falta poco para ver los abetos blancos. Para ver la sábana extendida sobre la montaña. Nada ha cambiado, todo sigue igual que siempre. Los días pasan y no consigo inhalar honestidad. La televisión está estropeada de su poco uso. La biblioteca abarrotada, y la madera cruje porque ya no aguanta tantos libros.
Muchas veces despierto del sueño, sueño aunque no duermo... idealizo una vida mejor y no es difícil. Ya no celebro San Valentín, ni quiero hacerlo. No porque no quiera tener a nadie a mi lado, sino porque amar no tiene que ser acción de un día, tiene que ser desde el nacimiento hasta el eterno yacimiento.

Las paredes de roble ya no aguantan mis gritos, y aveces me los devuelve a crujidos. Sólo me escucho a mí y fuera el viento, hace frío y los pájaros ya no me cantan como lo hacían en verano. Ahora tengo a los libros a mi lado, son mis amigos, me explican con paciencia y me repiten las cosas, todas las veces que yo necesite, sin gritar. No critican las cosas que hago y nunca me dejan de lado, lo que hacen es ayudarme a cambiar. 
El castaño que veo, siempre que me despierto, ya no está verde, ahora lo sustituye los cuervos y la nieve. Que hacen que el paisaje sea más gris y frío.

Quizás parezca que esto me entristece, pero no, no lo hace. El cambio que el mundo me ofrece, alegra mi estancia en él. Valoro lo que me da, y eso sí es especial. No se mucho, mi conocimiento es escaso, y eso me hace ser ignorante. Ignoro que la felicidad la proporcione el dinero, también ignoro que tus bienes materiales o tu apariencia influya en el amor.
Soy un ignorante, y siempre lo seré.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Obsérvame 120 segundos

Mírame y dime que ves. Mírame a los ojos, y podrás ver un ser sincero, que ama. Falta poco para Navidad, yo también lo se, veo como vais a comprar objetos de plástico con formas extrañas para vuestros amigos y familiares. Yo les doy mi amor y ellos lo saben.

Yo voy a mi casa con mi familia y duermo sabiendo que están bien, preocupado porque, quizás otro animal tenga hambre y se coma a mis hijos. Pero es nuestra cadena, y cada uno tenemos nuestro origen, nuestra función y nuestro final.

Yo te miro, y veo un ser que tiene inteligencia, pero no piensa. Veo a las personas, estáis llenas de maldad. Disfrutáis viendo sufrir a otros, os matáis entre vosotros y nos matáis a nosotros para disfrutar.
Ya he visto lo que hacéis en Dinamarca con los delfines, y en España con los toros. Os creéis muy importantes en este mundo, y no sois nada. Sois lo mismo que yo, una parte de la naturaleza, que tiene que comer, observar el regalo que nos ofrece el mundo y morir para dejar sitio a otros para vivir.
Yo no entro con armas en vuestras casas y os atrapo para mostraros a otros animales. Soy un animal que ha vivido mucho, he oído rumores de que hace siglos, nosotros vivíamos felices en nuestras tierras. Nadie nos hacía sufrir para reír. Aveces sufríamos porque otro animal necesitaba comer, pero nadie nos maltrataba.
Los momentos buenos se terminaron hace mucho tiempo, ahora vivo con la esperanza de morir tranquilo.